El mural de La Segunda República

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Carlos Revilla M.

Carlos Revilla

Para quienes peinamos algunas canas, recordamos con nostalgia la época del Aeropuerto “El Coco”, actual “Juan Santamaría”. Se llamaba así, debido a que fue construido en las inmediaciones del barrio el Coco de Alajuela e inaugurado en 1958 y rebautizado con el nombre de Juan Santamaría en 1971. Algo similar a lo que pasó con el aeropuerto de Guanacaste llamado actualmente “Daniel Oduber Quirós”, y que antes era el de “Llano Grande” de Liberia.

Como nos debe haber pasado a casi todos, ir a algún aeropuerto en aquellas días de niños y adolescentes, era toda una experiencia (incluso aún un poco de mayores). Esto era cierto especialmente en El Coco, porque tenía un segundo piso con un balcón y una baranda, donde se podían ver los aviones. No era como ahora que es algo muy impersonal, y ya ni siquiera se puede ver el aterrizaje y despegue. Por cierto, esto solo pocos aeropuertos a nivel mundial lo tuvieron. Una lástima la pérdida de lo anterior, pero era algo que había que cambiar en aras del progreso, modernidad y especialmente la seguridad. Esto se pudo seguir haciendo por unos años, en el reciente demolido restaurante La Candela, al otro lado de la pista, pero ya no era lo mismo, además del precio que había que pagar por la comida y las bebidas.

Traigo a acolación El Coco, porque me quedó un recuerdo grabado de esa época, que siempre me llamó la antención. Aunque el edificio del aeropuerto era muy sencillo, comparado con el actual, tenía dos secciones muy diferenciadas. Una “alegre y bonita” (lado izquierdo), y otra “fea y aburrida” (lado derecho). La que no me gustaba era porque no tenía tiendas (no es que hubiera muchas tampoco), y ninguna otra cosa que llamara la atención, salvo un enorme mural en una de las paredes del fondo. Durante años ese mural despidió y recibió a los viajeros.

Pero antes de contarles de ese mural y su importancia, además de que fue de el; me parece apropiado una introdución a lo que en arte se conoce como El Muralismo, algo muy cercano a nosotros en latinoamérica, y que tiene apenas cerca de un siglo.

Es un movimiento de carácter indigenista, que surge tras la Revolución Mexicana de 1910 de acuerdo con un programa destinado a socializar el arte, y que rechaza la pintura tradicional de caballete, así como cualquier otra obra procedente de los círculos intelectuales.

Propone la producción de obras monumentales para el pueblo en las que se retrata la realidad mexicana, las luchas sociales y otros aspectos de su historia. El muralismo mexicano fue uno de los fenómenos más decisivos de la plástica contemporánea iberoamericana y sus principales protagonistas fueron Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. A partir de 1930 el movimiento se internacionalizó y se extendió a otros países de América.

El impulsor de este movimiento fue José Vasconcelos, filósofo y primer secretario de Educación Pública de México quien, tras la Revolución, pidió a un grupo de artistas jóvenes revolucionarios que plasmaran en los muros de la Escuela Nacional Preparatoria de la ciudad de México la imagen de la voluntad nacional.

El muralismo se desarrolló e integró fundamentalmente en los edificios públicos y en la arquitectura virreinal. Los muralistas se convirtieron en cronistas de la historia mexicana y del sentimiento nacionalista, desde la antigüedad hasta el momento actual. La figura humana y el color se convierten en los verdaderos protagonistas de la pintura. En cuanto a la técnica, redescubrieron el empleo del fresco y de la encáustica, y utilizaron nuevos materiales y procedimientos que aseguraban larga vida a las obras realizadas en el exterior.

En la década de 1930, la internacionalización del muralismo se extendió a Argentina, Perú y Brasil, y fue adoptado incluso por Estados Unidos en algunos de sus edificios públicos.

Nuestro país no escapó a este movimiento, y entre los murales que se pintaron, estaba uno por encargo de la Dirección General de Aviación Civil (DGAC), durante la década de los años 50, al pintor italiano Lucio Ranucci, quien radicó en Costa Rica, que realizó el mural “La Segunda República”, un conjunto de 13,18 metros de largo por 4,4 metros de alto, que estaba en el aeropuerto.

En total casi 60 metros cuadrados que capturan, en el mejor estilo muralista inspirado por la obra del mexicano Diego Rivera, la historia de nuestro país, desde la conquista y la colonia, hasta la fundación de la Segunda República en 1948.

Este mural es alegórico, ya que narra la historia costarricense concebida con base en las ideas de los fundadores de la Segunda República, quienes luchan por la modernidad de Costa Rica, es por esto una obra emblemática.

Su lectura, que se realiza de izquierda a derecha, nos enfrenta con el educador Mauro Fernandéz, responsable de la reforma educativa de 1886, entronizado y velando sobre un escolar y una pareja de universitarios, con el paraninfo de la antigua Universidad de Costa Rica al fondo.

A ellos les sigue el progreso, en la forma de obra pública, representado por agrimensores y topógrafos; seguidos por una alusión a la Guerra de 1948, los próceres de la Campaña Nacional de 1856 y la imagen de Juan Vázquez de Coronado, gobernador y pacificador de Costa Rica durante la Colonia.

Complementan al final el conjunto un grupo de agricultores, cuyo énfasis muestra los principales —y hasta hace algunos años tradicionales— productos agrícolas del país: el café y el banano.

El estilo y tema de esta obra se ubica en el Realismo Social, por sus características. El sentido político de la obra, las figuras son poderosas, musculosas, casi escultóricas. El formato del mural es horizontal, un rico paisaje integra a las personas que forman líneas (ejes) verticales, como contraposición algunas inclinadas para romper la verticalidad de los personajes, especialmente los del centro, dando dinamismo a la composición.

Los colores utilizados están dominados por ocres, azul claro y el blanco en mayor medida y algunas partes en rosado y unas pocas manchas en rojo, que evitan la frialdad de la obra. Además, el movimiento se fortalece con los pliegues de las telas de las vestiduras de los personajes representados, así como por el relieve de las montañas, contribuyendo a establecer una rica escenografía.

El gigantesco mural que durante años adornó la sección “fea y aburrida” del aeropuerto, fue retirado en el año 2002, para dar paso a las obras de remodelación de la terminal aérea.

La obra ya estaba con algunas señales de deterioro importantes, por haber estado expuesta tantos años, y sin que le dieran el cuidado adecuado. Incluso hasta tenía orificios de clavos, que los habían hecho para colgar mantas y avisos, además de manchas y decoloraciones importantes por el paso del tiempo.

Ante este panorama la DGAC, su actual propietario, decidió con la colaboración del Museo de Arte Costarricense (MAC), restaurar la obra de arte de Ranucci. El trabajo lo llevó a cabo el restaurador Gerardo Hidalgo, quien con sus hábiles manos logró rescatar esta importante obra de arte.

En la actualidad, las secciones del mural están guardadas en las bodegas del MAC, donde se les brinda cuidado, esperando un lugar adecuado y definitivo, para que puedad ser admirado por los habitantes de esta Segunda República, a los que nos homenajea, y en la que vivimos.

Los dejo con una imagen panorámica digitalizada del mural ya restaurado, que muy gentilemente me facilitaron en el MAC (pueden pulsar sobre la imagen para verla con una resolución mayor).

Mural La Segunda República

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Para la introducción del muralismo, me basé en parte en el excelente texto del sitio web “Profesor en Línea”. Para los datos del mural, en un artículo de Gustavo Naranjo Chacón publicado en La Prensa Libre y “El salvamento del Mural de la Segunda República: recuperar el patrimonio y la memoria histórica de un pueblo” de Alberto Calderón Vega.

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