El mundo del otro

Parehara

Oscar B. LLanes Torres

Oscar B. Llanes

Los días sábados tienen su magia especial, es mitad feriado y mitad laboral, tiene el encanto de posibles encuentros y organizar fiestas familiares, lógico, algunas divertidas otras no tanto, reuniones de colegas de trabajo, que no son amigos son compañeros de trabajo, donde fatalmente se tratará los mismos temas de la semana y seguramente con algunas copas a más vendrán los sincericidios, “que aquel fulano me cae mal, es prepotente, es burlón, y dice que maltrata a la esposa y a sus hijos”, el otro grupo que también es poseedor de todas las informaciones confidenciales del entorno, sabe que quien hace esto y aquello, sabe de la vida afectiva de todos, y si no sabe, inventa. Estas reuniones de los sábados son de extraordinario valor científico, se absorben líneas de comunicación verbal de las más exquisitas raridades en su contenido, en su envoltura, en su presentación, los mensajes son cargados de extraños misterios y de códigos propios, cada región y geografía tiene su propio molde y su propio régimen, no son dichos en altos voltajes son expresados entre dientes casi en susurro, con el rostro en un marco de seriedad y picardía, con las medias vueltas de la cabeza para verificar el entorno que no hay peligro de filtrarse la información.

Es bueno aclarar dando continuidad al texto, que los comensales de tan interesante encuentro de los sábados logran reunirse personas con muy semejantes perfiles, todos críticos y cuestionadores del sistema, aplauden y ventilan sus convicciones que quieren que se imponga sobre los demás, dan capsulas de temas para tratar hasta que una de ellas prende y el grupo eleva la voz, la emoción se exaspera, las voluntades se agrietan y si ya se tiene algún ingrediente que estimule la espiritualidad del momento, aquello se vuelve interesante, todos opinan, generalmente con vehemencia, de acuerdos y aplausos de algunas mociones, otras de divergencia plena cuando se contienen las ofensas, si el tema es deportivo es más divertido, las insinuaciones, los personajes, los actores de épocas anteriores y las críticas severas a los actuales, por otro lado, si el tema es político la cosa arde, se insultan a los próceres del momento, si en la agenda está lo religioso el pacto es no tratar, pues, pertenece a otra esfera y hiere susceptibilidades con mucha facilidad, en un punto todos están de acuerdo, la cortesía de los anfitriones, generalmente en total mutismo, nada opina, nada expone, nada trata, el solo atiende a los presentes.

Estas reuniones congregan diversidad de personas, orígenes, creencias, idiomas, culturas y profesiones, personas con variadas formaciones y el único lazo que los aproximan son las ganas de disfrutar de un sábado sin stress, libres de ataduras y compromisos, que desean un mundo mejor para ellos y su grupo, claro, en estos encuentros se tiene generalmente a un personaje especial, no opina, no da señales de su alegría o tristeza, pasa sin ser notado, en silencio acompaña ,exhibe de vez en cuando una sonrisa, da su conformidad o su oposición con señales de cabeza, afirmando o negando, es como está sin estar, bebe poco, come bastante, ayuda al anfitrión, llega primero y se retira último, será que se divierte o le resulta amargo y desagradable, pero como son cercanos a sus afectos lo soporta, me gustaría conocer con más profundidad a estas personas en su propio mundo, es el mundo del otro.

LAMBARÉ, PARAGUAY

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Diplomático (J) y Profesor Universitario Paraguayo.

Parehara es una palabra en Guaraní, lengua oficial en Paraguay junto al español, que significa mensajero

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