El milagro de la Negrita de los Ángeles

Luis Paulino Vargas

Luis Paulino Vargas Solís

Semana santa y navidad son las dos celebraciones principales del calendario anual de la iglesia Católica. Es obvio que ambas experimentan clarísimos proceso de decadencia e, incluso, descomposición.

La semana santa ha perdido el brillo de otros tiempos. La participación en misas es ralita, y de las procesiones tan solo queda el lejano recuerdo del boato que en el pasado las caracterizaba. Para la mayoría de la gente se trata de una deliciosa semana de vacaciones. Y, como se sabe, es masivo el éxodo que durante esos días se registra hacia sitios vacacionales, especialmente las playas. Difícil imaginar que la gente aprovecha esos días cerca del mar para reflexionar. De seguro, lo que menos se practica es ayuno: ni en el comer ni en el beber ni el sexo.

Por su parte, la navidad es un colosal ejercicio colectivo de despilfarro, consumismo y pachanga. Una especie de catarsis colectiva al cabo de un año plagado de carreras, estrés y frustraciones. Es significativo que la desfalleciente faceta religiosa de la celebración esté colonizada –y cada vez más- no solo de materialismo consumista, sino de numerosos símbolos paganos muy lejanos a la tradición cristiana.

De otras celebraciones del catolicismo mejor ni hablar. Así, por ejemplo, la del corpus christi, que tradicionalmente se realizaba un jueves, fue trasladada a domingo, como al modo de graciosa concesión que las jerarquías católicas hicieron al capitalismo, en bien de un día laboral adicional que sumara a la producción y las ganancias. Una concesión entre tantas otras, si hemos de ser sinceros. Una más: no puedo olvidar que la versión original del padrenuestro que mi madre me enseñó siendo yo muy pequeño, hablaba de “perdónanos nuestras deudas…”. A fin de propiciar la tranquilidad de banqueros y otros especímenes similares, ello cambio a “perdónanos nuestras ofensas…”.

Todavía unos 40 años atrás la iglesia Católica administraba los asuntos del cielo y la divinidad en condición prácticamente monopólica. Ésa es una herencia de siglos: nos la trajeron los monjes con su cruz y los colonizadores con su espada. Ello hace más llamativo que en el transcurso de pocos decenios el evangelismo pentecostal haya crecido tanto, y que de tal modo le dispute al catolicismo la representación de los asuntos celestiales.

Pero es que, además, las personas católicas han desarrollado nuevas formas de vivir su fe. Siguen siendo católicas –entiendo que alrededor del 60-65% se autodenominan así- pero su vivencia y práctica religiosa poco tiene que ver con las leyes estatuidas por su iglesia. La semana santa lo ilustra con notable elocuencia: son personas católicas que disfrutan con largueza sus picheles de cerveza y su buen poco de sexo en días tan sagrados. Ni que decir de esos católicos despilfarradores y pachangueros de navidad. No por nada, el humilde pesebre tiende a ser sustituido –o en todo caso acompañado y literalmente aplastado- por árboles de navidad ampulosos e imperativos.

Nada que reprochar, digo yo. Al cabo que hoy escasean los curas y obispos que postulen una “opción preferencial por los pobres” y menos aún los que quieran vivir según los principios de la pobreza del Jesús evangélico. Y, entonces, ¿por qué los seglares habrían de renuncia a gozar las delicias de la buena vida?

Ha de ser, quizá, la búsqueda de un “Dios personal” –según la proponía Ulrich Beck- o quizá una “religión a la carta” como lo postulaba José María Mardones. Al cabo, es cierto que la sociedad no se ha vuelto más laica en el sentido de que la gente deje de ser religiosa. En cambio, sigue siendo religiosa en el sentido de que la gran mayoría efectivamente tiene una fe religiosa. Pero una fe religiosa individualizada, a la medida de los requerimientos de cada quien. Una religión post-moderna, pues.

Y, en cierto sentido, ese podría también ser el caso del evangelismo pentecostal. Este se funda en una idea muy simple: un señor llamado pastor interpreta la Biblia a capricho, sin necesidad de apelar ni someterse a ninguna autoridad canónica superior. A lo mejor ahí está una de las claves del éxito que estas iglesias han tenido: bajo la autoridad local del pastor, la Biblia dirá lo que la feligresía del lugar necesita que diga. Y eso no es poca cosa en estos tiempos neoliberales, donde la inseguridad y la incertidumbre campean por doquier. Tener un Dios que te diga exactamente lo que necesitas oír, es valioso consuelo en días de tanto desconsuelo.

Decíamos que las grandes celebraciones del calendario católico dan muestras inequívocas de decadencia. Y, sin embargo, una celebración en particular, todo lo contrario, demuestra una ascendente vitalidad: la peregrinación a la basílica de la Virgen de los Ángeles cada dos de agosto. Mas es llamativo que esta no es parte del calendario universal de la iglesia. Su vigencia es nacional.

Esto me sugiere una hipótesis: aunque con reminiscencias mágicas y medioevales, se trata de una notable expresión de religiosidad a la carta, pero, sobre todo, es una vigorosa apropiación popular de la religión. La Virgen de los Ángeles existe por decisión popular y ha pasado a ser la deidad más influyente y con mayor poder de convocatoria, porque es, finalmente, aquella en la cual el pueblo ha decidido colocar sus temores y angustias, así como sus esperanzas de redención.

Las celebraciones católicas oficiales desfallecen día a día, tanto como la conmemoración de la Negrita de los Ángeles se agiganta. Es una vez al año; como al modo de un enorme ejercicio de expiación. Ahí se resumen y resuelven todas las tribulaciones de los 365 días, y ahí se limpian todos los pecados acumulados durante esa temporada. Cumplida con la peregrinación y una vez recibida la bendición de La Negrita, quedamos en libertad para follar con desenfreno en navidad y chupar guaro a placer en semana santa.

No sin cierto desenfado, nuestro pueblo ha sabido amoldar la religión a sus urgencias cotidianas, con manifiesto desdén ante los mandatos emanados de las jerarquías.

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Fuente: Soñar con los pies en la tierra

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comentarios

Una respuesta a El milagro de la Negrita de los Ángeles

  1. Ferapevi 10-08-2012 en 9:27 am

    Mas claro no pude decirse, muy buen articulo

    Responder

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