El Macho Gamboa

Freddy Miranda Castro

Freddy Miranda

En el verano de 1978 viajábamos por un cielo y un mar tan azules que no sabíamos si volábamos o navegábamos. Los pececillos voladores, revoloteaban alrededor del casco del Vietnam Heroico, nuestro hogar en medio de un Golfo de México tan luminoso que parecía la antesala del paraíso. El barco viajaba perezosamente, pero sin pausa hacia La Habana.

En la popa, los camerinos, salas y restaurante del barco era la felicidad desatada y el símbolo de aquel jolgorio era el Macho Gamboa; quien junto a Amelia Barquero se dedicaron a ponernos a cantar junto al piano de la sala de fiestas. ¿Cómo describir al Macho? Quizá con las palabras que le escuché a una mujer mientras lo veía bailar: – ¡Pero que rico baila ese hombre! ¡Si así es en la cama, qué maravilla! No tengo la menor idea de si aquella mujer bailó con el macho en la pista o en la cama, pero si que el macho desbordaba una alegría y una felicidad tan genuinas que contagiaba todo alrededor.

No sé cuántas canciones escribió el Macho Gamboa, si fue solo una, pero todos los que le conocimos en aquellos locos y maravillosos setentas y ochentas, le recordamos por: La Jota es de juventud… La V de vanguardista es… La C de costarricense. Esta es la JVC…

Su sonrisa era la firma de su identidad más profunda. Una vez cometí el error de decirle que tenía una chaqueta de cuero que me quedaba grande porque me la había regalado Miguel Sobrado y que no sabía qué hacer con ella. El Macho me persiguió hasta que se la regalé, la verdad no tenía ganas de hacerlo porque una chaqueta de cuero, para alguien tan escaso de dinero como yo, era como regalar un Rolex. Pero al Macho era difícil decirle que no, te envolvía en su sortilegio de felicidad y te hacía sentir como si fuera tu hermano más querido.

Trabajamos juntos en la extinta imprenta Helena y un día llegó alarmado. La policía había tocado la puerta de su casa a eso de las 4 de la mañana en medio de un aguacero pertinaz. El Macho pensó que se había concretado uno de los tantos golpes de estado que había denunciado Manuel Mora y que lo llegaban a detener. – ¿Este chiquito es suyo? Porque estaba columpiándose en el parque en medio del aguacero- Efectivamente era el retoño del macho, que en un arrebato de felicidad decidió salir en medio de la madrugada y bajo una lluvia fuerte a volar en las alas de un columpio. Mi conclusión el Macho le había heredado sus genes de poeta de la vida y la libertad.

Dichosamente, lo digo con todo el egoísmo del mundo, no vi al Macho cuando enfermó y murió a la pronta edad de los 54 años. No hubiese podido conciliar la imagen del poeta, cantante y actor enamorado de la vida, con la de un hombre que era lentamente consumido por una enfermedad letal. Por aquellos tiempos la quimera que nos unía ya se había ido y cada uno de nosotros había marchado por su lado.

Anoche me acosté feliz y quizá por esa razón me soñé con el Macho Orlando Gamboa, cantando junto a un piano en un barco en medio del bullicioso y esplendoroso Mar Caribe. Hay gentes que se le quedan a uno en la memoria para siempre, el Macho era uno de esos, su alegría era un virus contagioso.

Macho Gamboa

Evalúe este artículo: 1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas (1 votos, promedio: 5,00 de 5)
Cargando…
Compartir:

Comentar en Facebook

comentarios

Comentar en Cambio Político

Si está interesado en anunciarse en nuestro sitio u obtener más información, por favor utilizar el formulario de la sección de Contáctenos en el menú principal.