El Holocausto olvidado

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Carlos Revilla M.

Carlos Revilla

Algunas veces en redes sociales o en alguna conversación, sale a relucir el tema del Holocuasto, y entonces la conversación gravita sobre todo lo que les sucedió a los judíos durante el período del nacionalsocialismo en Alemania y por supuesto Hitler. La Shoah (catástrofe en hebreo), es algo que jamás debe repetirse.

Sin embargo, hay que decir que los judíos no fueron los únicos que sufrieron un Holocausto. También los gitanos, homosexuales, discapacitados, disidentes políticos, y hasta los testigos de Jehová, fueron víctimas de la persecución y exterminio.

Los gitanos o más apropiadamente romaníes o roma, son al igual que los judíos una nación, que se puede definir a grandes rasgos, como una comunidad humana con ciertas características culturales comunes, a las que dota de un sentido ético-político. La diferencia con los judíos es que ya ellos tienen territorio (Israel), mientras los gitanos no. Otro ejemplo de nación sin territorio son los kurdos.

Los gitanos son casi desconocidos en nuestro país, al contrario de los judíos que casi desde la independencia han tenido una colonia importante, próspera e influyente, que se mantiene hasta nuestra época.  No recuerdo de algún gitano o grupo de ellos en Costa Rica, y ese debe ser uno de los motivos del porqué no se habla del Porraimos (en romaní, Porrajmos, significa literalmente “devoración”), que es como los gitanos llaman su Holocausto.

Como conocemos poco de los roma, es importante comenzar hablando un poco de donde se cree que proceden —su verdadero origen sigue siendo un misterio—, para esto voy a valerme de lo que nos dice la Wikipedia al respecto:

Durante siglos los orígenes del pueblo gitano ha sido objeto de diversas teorías y especulaciones sin bases sólidas, entre otras cosas por que su cultura es fundamentalmente ágrafa (no escrita) y no ha conservado registro histórico. La teoría más extendida afirma, basándose en análisis genéticos​ y lingüísticos y a la vista de los documentos conservados, que proceden de la región del Panyab ―conocida en inglés como Punjab―, más precisamente de zonas comprendidas entre India y Pakistán.​ Los datos lingüísticos, en concreto, apuntan a que los antepasados de los gitanos vivieron en el noroeste de la India, antes de migrar al Occidente pasando por la costa sur del mar Caspio.​ Se desconoce si con anterioridad habían migrado desde otro lugar aún más remoto. También se ignoran las causas exactas de su migración hacia el oeste, que se produjo en torno al siglo XI. Tras una estancia al norte de Persia, se desplazaron nuevamente hasta Asia Menor, donde se asentaron durante el siglo XIV. La inestabilidad política provocó el primer éxodo fielmente documentado hacia el oeste y el sur: una rama del pueblo gitano se internó en la Europa Central y otra ingresó en el norte de África. La entrada de los gitanos en Europa se documenta a partir de los primeros años del siglo XV. A fines de ese siglo, la ruta del sur y la del norte ya se habrían unido en algún punto del sur de Europa (en Francia o España).

Sin embargo, continúa siendo un desafío polémico para la antropología, la historia y la sociología a la hora de explicar sus orígenes, su evolución en el tiempo y sus estrategias de supervivencia en sociedades dentro de las cuales siempre son minoritarios, a pesar del mestizaje y de ser históricamente marginados.

Los gitanos se vieron severamente perseguidos e incluso exterminados durante el siglo XX.​ La inestabilidad política y económica del este de Europa provocó, especialmente a fines del siglo, otra nueva movilización en masa de la comunidad gitana, todavía en curso, esta vez en dirección a la Europa central y occidental.

Los nazis consideraban a los roma “inferiores racialmente” y el destino de los roma en algún sentido era paralelo al de los judíos. Los roma estaban sujetos a encarcelación , trabajos forzados, y masacre. También estaban sujetos a deportación a los campos de exterminio. Los Einsatzgruppen (equipos móviles de matanza) mataron a decenas de miles de roma en los territorios orientales ocupados por los alemanes. Además, miles fueron asesinados en los campos de exterminio de Auschwitz-Birkenau, Chelmno, Belzec, Sobibor, y Treblinka. Los nazis también encarcelaron a miles de roma en los campos de concentración de Bergen-Belsen, Sachsenhausen, Buchenwald, Dachau, Mauthausen, y Ravensbrueck.

Hay un interesante artículo de Amanda Figueras “Gitanos, los olvidados del Holocausto”, del que también me he permitido copiar algunos párrafos:

Desde que hace más de mil años los gitanos comenzaran a trasladarse desde el norte de la India hacia Oriente Medio y el continente europeo en busca de prosperidad su situación parece no haber mejorado demasiado. Racismo, miedo, rechazo, odio… el pueblo romaní sufre un estigma que no se ha borrado y que durante el Holocausto condujo a la muerte a alrededor de medio millón de ellos durante el Holocausto.

En la Alemania en la que la raza aria era la que debía perdurar y liderar al mundo, los gitanos se encontraban dentro del grupo de los otros, los que, simplemente, no merecían vivir. Junto a ellos, judíos, homosexuales o disidentes políticos.

Alegaban que era una característica genética, que los romaníes o gitanos (esta palabra es considerada peyorativa por algunos grupos) tenían la criminalidad en el ADN y se transmitía de padres a hijos. En los años 20 empezaron a aprobar leyes por las que les prohibían entrar en sitios públicos como parques, ferias o baños. Se les fichó (con foto y huellas) y quienes no tenían empleo u hogar fijos fueron confinados en campos.

Las tres cuartas partes de los gitanos que residían en Alemania en el año 1933 habían sido asesinadas para el año 1945.

En 1933 cuando Hitler llegó el camino ya había comenzado y la persecución empeoró. En 1934 hubo campañas de esterilización por inyección o castración; en 1935 fueron sujetos a las leyes de Nuremberg y se les impedía el matrimonio con arios; poco tiempo después la Ley de Ciudadanía les arrebató los derechos civiles.

De manera muy similar a lo que sucedió con los judíos en la ‘Kristallnacht‘ (Noche de los cristales rotos), en junio de 1938 se instauró la ‘Semana de Limpieza Gitana’. Dos años después tuvo lugar el primer genocidio a mano de los nazis: 250 niños romaníes fueron ejecutados en el campo de Buchenwald para comprobar la eficacia de los cristales de zyklon-B, que serían utilizados más tarde en las cámaras de gas de Auschwitz-Birkenau.

A finales de 1940, Hitler mandó matar a todos los romaníes. No eran las únicas presas: judíos y minusválidos psíquicos estaban en la lista. Fusilamientos y matanzas en las furgonetas móviles de gas fue el destino de miles de ellos en el frente oriental, recuerda la abogada Ana Mª. Mendiola, en la revista ‘Gitanos, pensamiento y cultura’.

En diciembre de 1941, cuando Hitler ordenó la deportación de todos los gitanos que quedaban en Europa a Auschwitz-Birkenau ya no quedaban muchos. Un año antes otros campos como los de Chelmo/Kulmhof, Treblinka y Majdanek habían empezado a recibir cargamentos de romaníes y otros habían sido asesinados.

Con todo, como recoge Ian Hancock en su libro ‘Roma: Genocide of Roma in the Holocaust’, el 1 de agosto de 1944, en Auschwitz, 4.000 gitanos pasaron por la cámara de gas y fueron incinerados en una sola acción. Se llamó, ‘Zigeunermacht’ (la noche de los gitanos).

Las tres cuartas partes de los gitanos que residían en Alemania en el año 1933 habían sido asesinadas para el año 1945.

No se sabe con precisión cuantos roma murieron en el Holocausto. Aunque las estadísticas y los porcentajes exactos no se pueden establecer, los historiadores calculan que los alemanes y sus aliados mataron cerca de 500.000. Aunque esta cifra palidece ante los seis millones de judíos muertos, hay que tomar en cuenta que para los roma, significó alrededor del 50% del total de su población, que en ese entonces se calculaba en una cifra cercana al millón de personas en Europa.

En 1982 el canciller alemán Helmut Kohl reconoció el genocidio nazi contra los roma. Pero desgraciadamente para ese momento, la gran mayoría de los que hubieran tenido derecho a la restitución bajo la ley alemana ya habían muerto.

En el 2012 en Berlín, Alemania, se inauguró un monumento en memoria de los roma asesinados por el nazismo. Es obra del escultor israelí Dani Karavan y consiste en una pila redonda de doce metros de ancho con una profundidad más marcada en el centro donde se encuentra una estela sobre la que cada día se depositará una flor fresca.

De ahora en adelante, al hablar del Holocausto, hay que recordar también a los roma.

Los dejo con Gelem Gelem, el himno del pueblo gitano, con videos y fotografías del holocausto, en memoria de quienes murieron en los campos de concentración nazis y contra la xenofobia.

 

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