Río+20

José Calvo

José Calvo

Este es el momento en que todos los políticos del mundo alistan la maleta para la conferencia ambiental de Río, y paradójicamente, es por ellos que la cosa no marcha. Si en La Cumbre de la Tierra no se logró nada porque el presidente de la nación que mas amenazaba al ambiente dijo al no mas llegar que “el american way of living no era negociable”, Río+20, con el mundo sumido en una crisis económica, tiene mucho menos probabilidades de éxito. Prueba de ello es que Obama no irá. Y es por el American way of living que hay un mandato insostenible de crecimiento constante del PIB.

Bush Sr expuso de una vez su falta de cooperación para satisfacer a las grandes empresas de su país con quienes estaba de acuerdo como petrolero. Pero ahora ni eso. Obama prefiere no ir para no dañar más su débil posición con el establecimiento militar-industrial: si él trabajara allí constructivamente, los republicanos (las grandes corporaciones y los tontos de la moto) no le permitirían la reelección; como no le permitirán gobernar si fuera elegido por el pueblo. El American way of living es de lo que Sargent-Schribner advertía en Le Défí Americain. Lo que promete el paradigma del mercado. Lo que Europa copió al pie de la letra. Lo que nosotros queremos copiar. Lo que choca aparatosamente con el ambiente. Lo que ahora se juzga sinónimo de democracia. Lo que es insostenible.

La convicción ahora es que en Rio+20 se repetirá la falta de compromiso de La Cumbre de la Tierra. De que la economía verde corporativa nos llevará a la privatización de la tierra y la naturaleza por las transnacionales. De que el problema es que neoliberalismo considera a la naturaleza capital natural regulable a través del mercado De que el establecimiento empresarial continuará ignorando el costo real de sus productos y cargando la diferencia a las “externalidades”. De que la economía todavía es un rehén del viejo paradigma de la dominación de la naturaleza en beneficio de los negocios y el mercado. De la creencia en que los problemas que crea la tecnología se pueden resolver con mas tecnología, que nos lleva de mal en peor: en un reciente número de Newsweek se jactaban de que la naturaleza ya perdió la guerra contra el hombre. “No seamos ingenuos”, dicen los incrédulos: “el negocio de la economía vigente es el negocio”.

La mentalidad de mercado adolece de dos defectos letales: uno es su irrespeto de la naturaleza, y el otro la concentración de la riqueza o la incapacidad de distribuirla. El gran crecimiento económico de China, posibilitado por el traslado de las manufacturas de los países industriales que produjo en ellos desempleo, solo logró aumentar el cisma entre el interior pobre del país y el sur industrial que es siete veces más rico. Lo más probable es que Rio+20 será otro fracaso del intento de conservación. Pero eso no es un triunfo para los mercadistas, porque el paradigma chocará sin remedio con la pared de la insostenibilidad eventualmente, y después de eso habrá que cambiar el rumbo necesariamente: sin conferencias.

Hay ahora una plétora de artículos sobre esa conferencia hipócrita, casi todos pesimistas, pues esta tiene en realidad menos probabilidades de que se honren los compromisos que la anterior. Es en realidad imposible honrar un compromiso de desarrollo sostenible, y yo presumo que parte del problema es que los ambientalistas aceptaron semejante concepto contradictorio en la conferencia anterior con la esperanza de que los países ricos les dieran plata. De igual manera que la protesta contra el paradigma del mercado no cuaja porque la gente está esperanzada en obtener “la moto, el Hyundai, o el BMW”, y se niegan a aceptar que eso es imposible. Yo nunca simpaticé con la Agenda 21, principalmente por el oximorón del desarrollo sostenible, y me gusta ver que casi todos los artículos sobre Rio+20 coinciden conmigo en que ese fue el problema. Se puede hablar de desarrollo más sostenible, pero a la larga este también topará con el límite, pues desarrollo significa crecimiento y este no puede ser infinito Pero este espíritu crítico es una buena señal: esta resultando ms difícil cazar bobos. Esta como las conferencias de desarme, donde se hace también la exhibición y la venta del armamento más moderno.

Era muy feo que se cortara un bosque para imprimir toda aquella paja de la Agenda 21; y que el alma de la conferencia fuera un millonario petrolero; y que el desarrollo sostenible lo defendiera el millonario industrial Joseph Schmidtheiny con la peregrina proposición de que la naturaleza mejora con el desarrollo industrial (la sinergia). De manera no sorprendente, Smidtheiny es el nombre del salón principal del INCAE y allí si es muy adecuado.

Un funcionario de las Naciones Unidas dijo que lo que habían hecho en la Agenda 21 era negociar el tamaño del cero. Fue peor que eso, porque como cualquiera sabe, el cero está entre mas uno y menos uno, y en el lugar tan alto que allí se puso no se puede sostener.

El mismo Maurice Strong dice que Inglaterra, EEUU, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda y Francia se encargaron de boicotear los principios de la Conferencia de Rio, que la crisis ambiental y la económica están entrelazadas, y que se necesita una verdadera revolución encabezada por los países industriales que han monopolizado los recursos para el desarrollo; lo que ya es mucho decir, pero no bastante, pues el consenso es que se debe cambiar el concepto de que la ecología es una parte de la economía por el de que esta es una parte de la ecología. Lo que se necesita es una catástrofe.

Como dice uno de los numerosos artículos que han aparecido sobre la conferencia, el punto más importante es que la creciente crisis ambiental se debe al trasvestismo de considerar el ambiente como una parte de la economía, en vez de a la economía como parte del ambiente

Las generaciones humana futuras y las demás especies animales están condenadas a la extinción porque nosotros necesitamos su habitat para desarrollarnos económicamente Pero la clase que nos gobierna, ya sea desde la chamber of commerce, o sus trincheras institucionales como el CINDE, o los puestos de mando a que los elegimos por sus promesas de la moto y el Hyundai, es demasiado inculta para comprender que así no podemos seguir.

De continuar con el presente paradigma habría que exponer la ignorancia de los políticos en los debates electorales, y hacer que las corporaciones acepten el hecho de que el costo de sus productos es mucho más alto que el de mercado, y que la diferencia la paga la naturaleza. No hay “externalidades”, se tienen que pagar.

Los gobernantes y políticos de los países pequeños irán a Rio en un carácter estricto de me too Porque nosotros somos un reflejo fiel de esa mentalidad explotadora El periódico local nos informa al fin lo que todos sabíamos, que en la democrática Costa Rica cuatro transnacionales producen todo lo que consumimos; que cuatro grandes empresas extranjeras exportan todo lo que vendemos; y que en cuatro instituciones (CINDE, CEFSA, la Academia Centroamérica, e INCAE) se atrincheran todos nuestros poderosos desarrollistas gobernantes. Pues lo que habíamos dicho cuando se fraguaba el referéndum democrático del TLC con memorándos de miedo, y se prometía a todos por el “si” una moto un Hyundai o un BMW, y por el “no” el desempleo que nos amenaza ahora de todos modos. El “socialista moderno” que ahora dice estar contra la salida de la crisis por la austeridad, es el mismo que llenó a la Caja de burócratas improductivos, el mismo que posee hospitales privados bien administrados, y el mimo que dejó las arcas vacías, y un enorme déficit fiscal. ¿Cómo puede alguien darnos una buena nota ambiental viendo que no tenemos transporte público, y que entran y salen de la ciudad a 5 km por hora unos 500 mil carros que han pagado el 100% en impuestos, y que no hay un solo car pool?

La razón para el pesimismo sobre la conferencia de Rio+20 es el énfasis en la economía. Se ve correctamente como una trampa de la OCDE (donde vamos a entrar por serviles), empecinada en el desarrollo económico que es contrario a la conservación de los recursos. Y eso fue lo que hizo fracasar la conferencia anterior.

Uno de los artículos sobre Rio+20 dice que como alternativa a un paradigma de destrucción necesitamos uno de preservación. Uno que distribuya los frutos y piense en los derechos de nuestras generaciones futuras y de las otras especies en extinción. Uno donde cada comunidad pueda garantizar su soberanía alimentaria. La humanidad tiene todavía que aprender a administrar el mundo, y dejar de enseñar las prácticas comerciales de la debacle Claro que la crisis ambiental y la económica están ligadas, como dice Boff en Cosmología Nueva.

De José Calvo

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