De José Calvo: La recompensa

José Calvo

José Calvo

Por alguna razón inexplicable, recompensamos muy mal algunas actividades –y claro que repartimos muy mal la riqueza. Skinner tenía razón al idear en Walden Dos una comuna en que todas las actividades desempeñadas recibían los mismos puntos de pago; pero quizá ese fue el fracaso de su comuna. Estaba pensando yo en los músicos, el trabajo de las mujeres, y el de los agricultores. La gran importancia de los músicos se evidencia en que la gente está todo el tiempo, cantando, bailando, u oyendo música. Pero el músico mismo no le damos ninguna importancia. Una cantante paraguaya que oí en el aniversario de la independencia de su país, contaba que cuando de pequeña le preguntaba qué iba a estudiar y respondía que música, la gente decía “ah, y ¿qué mas?” Eso lo pone bien. A uno puede no gustarle la música que ejecutan, pero no se puede negar que lo hacen con un talento especial. Uno que yo nunca tuve. También es verdad que está el problema de la inmoderación. A algunos músicos se les da en exceso, y el trabajo es un gran negocio como lo demuestra que en tiempos de crisis los periódicos nos están anunciando conciertos; pero también estoy seguro de que hace mucho mas negocio el impressario, cuyo único talento es el de “emprendudurismo”; inmoderadamente recompensado bajo la filosofía del mercado.

La recompensa inadecuada para las mujeres es evidente, a pesar de lo mucho que han avanzado en su incorporación al mercado laboral, todavía tienen un trato discriminatorio en sus relaciones sexuales y laborales Esta discriminación es muy curiosa porque a las mujeres les debemos todo: ellas nos hicieron, nos formaron, y ellas son la razón de vivir de los hombres, de donde uno esperaría un gran aprecio. Pero se las trata mal. Y no somos los hombres que las tratamos así, es la sociedad. De la misma manera que la discriminación hacia los músicos o los agricultores es una costumbre de la sociedad. A mi me molesta la estridencia del reclamo femenino, pero hay que reconocer que sin él no habrían podido avanzar en su reivindicación.

Me molesta mas que para lograr una recompensa en la repartición del poder hubieran tenido que dedicarse a las mismas actividades que los hombres, y que hayan dejado así abandonado un puesto indispensable, pero de nuevo, tenían que hacerlo para obtener alguna recompensa .El puesto abandonado es el de la crianza y la educación de los niños, y es muy posible que la delincuencia rampante que padecemos sea una consecuencia de ese abandono. La mujer está en el bufete, en la dirección de la empresa, en la asamblea legislativa, en el poder ejecutivo, etc. Y ¡quién está entonces en la casa con los niños? Pues en el mejor de los casos la abuelita, si todavía no la han metido en un asilo de viejos. Y en el peor una niñera ¿Por qué sorprenderse del resultado?

Habría que haber diseñado alguna forma justa de remuneración, y es muy probable que esta le diera a las que se quedaron en la casa una tajada mas grande del pastel, correspondiente a su importancia para la sociedad. La peor forma de de resolver la injusticia del reconocimiento adecuando a tu trabajo, no es que vos también hagás lo que yo hago, porque eso no lo reconoce, y si uno paga por no reconocer lo que es necesario; se puede tener que pagar demasiado.

Y esto no implica de modo alguno que lo haya hecho mal; lo han hecho igual, y son principalmente hombres quienes han hecho esta sociedad excesivamente tramitosa donde siempre falta un papel; como se quejan los becarios del MEP donde a pesar de las asesorías y consultorías de Procesos, no cuentan ni con un teléfono. Es muy contradictorio que los tramitosos sean también los campeones de la competitividad y la eficiencia del mercado.

De los agricultores que nos dan de comer no quisiera decir nada porque ya he dicho mucho. Pero vemos todos los días la actitud mercadista de las tres furias y el embajador vitalicio en la OMC que son más papistas que el Papa. Nos amenazan con el fuego del infierno si no quitamos el apoyo a los agricultores, pretenden que seamos tan productivos como los grandes agricultores subsidiados de los Estados Unidos, nos exigen una eficiencia que ellas mismas no tienen en sus profesiones, donde además no se exponen a la competencia del mercado, y alegan que si nuestros arroceros campesinos no pueden producir 9 toneladas por hectárea se deben salir de la actividad, pero sin sugerir en qué se van a mete: ¿a qué sorprenderse si tienen la ciudadanía americana?. Como no se puede vivir sin comer es muy sorprendente que le asignemos tan poca importancia a los agricultores, quienes nos ponen la comida en el plato, y eso es lo que hacemos.

La sociedad se dará cuenta de que ha cometido un error muy grande cuando padezcamos una hambruna. Los del FMI verán entonces que no era cosa de comprar alimentos más baratos y comer menos. Y Obama verá que tampoco era cosa de enseñarles a nuestros agricultores a ser mas productivos; por lo menos habría que enseñarnos a todos a ser mas eficientes. Igual que la sociedad se dará cuenta de que ha cometido un error muy grande tratando de resolver la mala recompensa a las mujeres haciendo que compitan con los hombres. Pero mientras hay forma de recuperar la producción alimentaria dañada por la majadería ideológica del mercado y la ingenuidad local de dejarse embaucar, no habrá ninguna solución al daño de haber abandonado la actividad que tenían las mujeres; a menos que tengamos que volver a nuestras raíces como consecuencia de la crisis.

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