Brecha entre las dos Américas

Euclides E. Tapia

Euclides Tapia*
tapiaceuclides@hotmail.com

En la ciudad colombiana de Cartagena, el 15 de abril, concluyó la Cumbre de las Américas. Debido a diferencias manifiestas, la Declaración final no se produjo y los acuerdos se limitaron a asuntos tales como: Integración física, acceso a la tecnología, combate a la pobreza y la desigualdad, superación de las consecuencias de los desastres naturales y la provisión del mandato de la OEA en el análisis de alternativas para combatir el narcotráfico. A pesar de lo particular del evento, debido al peligro real que se cierne sobre el futuro de las Cumbres y por ende, de las relaciones interamericanas bajo el manto de la OEA; las noticias internacionales de forma intencionada se han dedicado a amplificar el affaire que involucró a miembros del Servicio Secreto y de las Fuerzas Especiales estadounidenses con prostitutas colombianas, pretendiendo con ello minimizar las futuras consecuencias del disenso, que reinó en el traspatio de Washington. En efecto, fue evidente desde la discusión del orden del día, el enfrentamiento entre dos polos opuestos: Estados Unidos y Canadá, por un lado y Latinoamérica en el otro.

Definitivamente que los tiempos han cambiado y algunos países de la zona se muestran ahora renuentes a desempeñar el papel de “hermano menor”, impuesto otrora por su vecino del norte. Los mismos apoyaron casi por unanimidad, la inclusión de los temas relativos a Cuba y a la Argentina en el proyecto de Declaración, colocando a Washington y Ottawa en una posición diametralmente opuesta, al punto de que de hecho, terminaron bloqueando la intención de la mayoría de los Estados participantes en el evento.

En protesta por el resultado del cónclave, los países de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA), anunciaron que no participarán en la próxima Cumbre, si a Cuba no se le invita. Por su parte, la Presidente de Argentina, Cristina Fernández, abandonó el evento antes de su conclusión, en razón del “lapsus menti” de Santos sobre las Malvinas y por los denodados esfuerzos y dominio ejercido por los países anglosajones por excluir el tema de las Malvinas de la discusión, bajo una aparente aureola de neutralidad que siempre termina favoreciendo la postura británica, pero que al mismo tiempo, de manera indefectible, distancia cada vez más a Estados Unidos y Canadá de la subregión, en una cuestión, que amenaza con alcanzar un apoyo latinoamericano tan unánime y sentido, como en su momento lo fue, la reivindicación panameña por su canal.

Otro de los temas de la Cumbre de las Américas sobre el cual no se logró el consenso requerido, fue la audaz propuesta guatemalteca, no solo de legalizar el consumo, sino también del tránsito de la droga, generando el rechazo de Washington, que no permitió que se narcotizara la cumbre. Y es que resulta ingenuo creer que el dinero de tal comercio en ese país, al igual que el de los comerciantes de armas, no ejerza su peso político, terminando por torcer la postura oficial norteamericana. Al respecto, cabe destacar, que el negocio del tráfico ilícito de drogas, es el segundo en movimiento de capitales del mundo después del petróleo, con ganancias que generan alrededor de 320 000 millones de dólares anuales, con un mercado cercano a los 200 millones de consumidores a nivel global. Este negocio, ubica a los Estados Unidos como un país que favorece la concentración de las riquezas de los narcos, pues sus bancos y negocios (sur de la Florida y Las Vegas), son reconocidos por el crimen organizado como un buen destino para “gastar” sus ganancias en una economía de servicios, que se adecúa perfectamente a los intereses de lavado e inversión de dinero en ese sector. Solo en Estados Unidos las ganancias que arrojan estos delitos ascienden alrededor de US$275.000 millones, excluida la evasión fiscal. Se especula, que más de 200 mil millones de dólares de dinero del narcotráfico circula en la economía norteamericana, por tanto es fácil colegir, que esta sea la principal razón por la que Washington, no asume su responsabilidad en el combate interno del flagelo y se muestre renuente a discutir con seriedad, las diferentes propuestas, no importa de qué país latinoamericano (México o Guatemala), provengan.

Es conocido, que a diferencia de las anteriores, la Cumbre americana que se llevó a cabo en Argentina (2005), para salvar apariencias, terminó con una Declaración que eludió el tema del ALCA y la de Trinidad y Tobago (2008), hizo otro tanto, con una Declaración genérica; sin embargo, lo ocurrido en Cartagena, sugiere una situación sin precedentes en el distanciamiento político y la profundización del abismo entre las posturas defendidas por Estados Unidos- Canadá y las que abanica Latinoamérica. Ello encontró expresión, en el aumento de la disidencia que extrañamente involucra en esta ocasión, hasta gobiernos de centro izquierda como Brasil, Uruguay, Argentina, El Salvador y Perú y de reconocida postura de derecha, como los de Colombia, Chile, México, Costa Rica y otros, los cuales en su conjunto, terminaron haciéndole coro a los países del ALBA, constatándose con ello, un saldo negativo en la influencia que otrora nadie discutía de Washington en la región.

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* Profesor Titular de Relaciones Internacionales de la Universidad de Panamá.

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comentarios

Una respuesta a Brecha entre las dos Américas

  1. José Calvo 28-04-2012 en 4:57 am

    Hay varias cosas que me gustan en este artículo: 1. claro que la droga es un gran negocio y que la guerra contra la droga es indispensable para mantener el precio alto. 2. claro que Costa Rica tiene un gobierno de derecha. 3. claro que la brecha norte-sur se tiene que seguir agrandando sin importar que haya o no haya declaración. Estas cosas hay que decirlas.

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