Bolas de fuego, tempestades de ceniza, olas gigantes: La erupción del Krakatoa en 1883

Especial para Cambio Político

Una litografía de 1888 de la erupción del Krakatoa

Una litografía de 1888 de la erupción del Krakatoa

En el reino insular indonesio, formado por más de 1700 islas, se encuentra Krakatoa, concretamente en el estrecho de Sunda, entre Sumatra y Java. Allí hay un insignificante volcán, que sin embargo -como demostró una tragedia inimaginable- se cuenta entre los más dañinos del mundo. En agosto de 1883 se produjo una erupción que se notó incluso en Australia. El estampido de la explosión se oyó hasta en la isla Rodríguez, a 4700 km de distancia, cerca de Mauricio. Al fuego siguió una marea cuyas olas de tsunami de hasta 40 metros de altura arrastraron a la muerte a más de 36 000 personas.

Una erupción que oscureció el sol

En mayo de 1883 comenzaron una serie de erupciones, cuyas ondas expansivas iniciales se sintieron incluso a 150 km de distancia, aproximadamente en la región de la actual Yakarta. Nubes de vapor y ceniza se elevaron en el cielo y sobre la tierra llovió piedra pómez y ceniza densa. A lo largo de todo el verano se produjeron pequeñas explosiones y ligeros temblores, hasta que las erupciones del 22, 26 y 27 de agosto alcanzaron su punto máximo. Las fuerzas naturales catapultaron más de 18 m3 de ceniza y piedras a la atmósfera, hasta una altura de 80 km. La energía liberada por aquella devastadora explosión equivale a un margen de entre 10 000 y 100 000 bombas atómicas como la de Hiroshima. Poco después de la erupción se produjo una oscuridad absoluta durante casi tres días, que los sobrevivienles definieron como impactante y angustiosa. Derrames ardientes de piedras, gas y ceniza, los llamados flujos periclásticos, fueron lanzados en la noche a una velocidad de hasta 800 km/h e iluminaron el cielo tétricamente. En las islas circundantes se destruyeron ciudades y pueblos. Pereció mucha gente. En Telukbetu, a más de 40 km de distancia en la costa merídional de Sumatra, cayeron todavía bombas de lava del tamaño de calabazas.

Durante más de 200 años, un tapón de piedra y magma solidificado había bloqueado el volcán mientras la presión aumentaba constantemente en su interior hasta que, al final, el casquete de la montaña explotó. La ceniza lanzada durante la explosión alcanzó las islas Cocos, a 2000 km de distancia, y en las cercanías del volcán el mar se cubrió de piedra pómez, de tal forma que creaba la sensación de ser tierra firme. En los meses siguientes, esta piedra pómez llegó flotando incluso hasta África.

Ocasos rojos como el fuego en el mundo entero

Bloques de coral arrojados a la costa de Java después de la erupción

Bloques de coral arrojados a la costa de Java después de la erupción

La erupción tuvo también consecuencias climáticas: en el hemisferio norte la temperatura bajó un promedio de 1,2 °C, y el verano fue inusualmente fresco y lluvioso. Como consecuencia, las cosechas fueron catastróficas. La onda expansiva de la explosión rodeó varias veces la Tierra, y durante 15 días se percibió desde Londres hasta San Francisco. Las partículas de polvo que habían sido lanzadas al cielo se expandieron con los vientos por todo el globo terráqueo. La refracción de la luz que producían, ofreció un espectacular juego de colores desde Islandia hasta Nueva Zelanda.

En el mundo entero, los artistas captaron aquellas puestas de sol de un rojo ardiente.

El cielo del famoso cuadro titulado El grito de Edgard Munch (1863-1944) se basa en los colores que el artista percibió entonces. Las partículas de polvo permanecieron en la atmósfera entre dos y tres años. Ninguna otra erupción volcánica en los últimos 2000 años ha tenido unos efectos globales semejantes a los de aquella terrible catástrofe de 1883.

Tras el preludio llegó la marea

La portada de la revista London News del 8 de septiembre de 1883 muestra imágenes de la catástrofe de aquel año: la erupción del Krakatoa

La portada de la revista London News del 8 de septiembre de 1883 muestra imágenes de la catástrofe de aquel año: la erupción del Krakatoa

Pero todos los temblores y explosiones no fueron más que el preludio de la catástrofe en sí: durante la noche del 27 de agosto se produjo una última erupción y toda la zona de la caldera del cráter se derrumbó sobre sí misma como en una implosión. 28,5 km de la isla Krakatoa cayeron en la cámara de magma que había quedado vacía. Las ondas expansivas provocadas por la explosión hicieron caer muros incluso en Batavia, a 150 km de distancia. Aquel derribo causó un total de diez olas gigantescas y masas de agua inimaginables se derramaron sobre la isla -dos tercios de la misma quedaron sumergidos-. Con una velocidad media de 100 km/h y en la más completa oscuridad, los tsunamis se dispararon hacia las costas de las otras islas. Al llegar a las regiones costeras disminuyeron su velocidad y las olas se elevaron hasta los 40 m de altura. Apenas pasadas dos horas desde la última erupción, arrasaron las zonas litorales de Sumatra y Java. En el puerto de Telukbetung alcanzaron al cañonero holandés Berouw, que fue lanzado varios kilómetros tierra adentro, a la selva, donde todavía permanece como recuerdo. En un radio de 80 km en torno al volcán, 36 418 personas perecieron a causa de las masas de agua y 295 localidades quedaron completamente destruidas.

La teoría de la tectónica de placas

Anak Krakatau, "el hijo del Krakatoa" surgió de los restos del antiguo volcán y explotó repetidamente

Anak Krakatau, “el hijo del Krakatoa” surgió de los restos del antiguo volcán y explotó repetidamente

Alfred Wegener (1880-1930), explorador polar y geofísico alemán, fue quien planteó, en 1915, la teoría de la deriva continental que provocó la hilaridad de sus contemporáneos. Actualmente su teoría es un importante fundamento para el conocimiento de la tectónica de placas. Afirma que la Tierra es un rompecabezas de varias placas de hasta 100 km de grosor que se mueven tanto separándose unas de otras como acercándose y rozando entre sí. Además, actualmente se sabe que los volcanes se alinean como si formaran un cordón precisamente allí donde las distintas placas coinciden. En esos lugares se crea también la llamada subduc-ción, es decir, que las placas se deslizan unas bajo otras, algo que -como en el caso del Krakatoa- aumenta considerablemente la presión. En Krakatoa coinciden la placa oceánica austral y partes de la asiática. Eso significa que al deslizarse hacia abajo arrastran piedras ligeras hacia el fondo. Este proceso acaba conduciendo a la explosión del volcán y en el caso del Krakatoa, a la más terrible catástrofe de todos los tiempos.

El hijo del Krakatoa

Hasta el día de hoy el volcán Krakatoa sigue siendo muy activo. Cuarenta años después de la catástrofe empezó a crecer ya un nuevo volcán allí donde había estado el cráter del original. En 1930 emergió en la superficie del agua, dentro de la inmensa caldera del Krakatoa, y en la actualidad mide 450 m de alto. Se le denomina Anak Krakatau, el hijo del Krakatoa, y en los últimos años ha atraído ya la atención con nuevas erupciones menores y ha sembrado el pánico entre los habitantes de la región. Como escribió el filósofo canadiense Will Durant: «La civilización existe por consentimiento geológico, sujeto a cambio sin previo aviso».

TESTIMONIO

Con la corrosiva lluvia de arena y piedras, la densa oscuridad que nos rodeaba, tan sólo rasgada por la sucesión de relámpagos grandes y pequeños,y el continuo estruendo del Krakatoa, nuestra situación era realmente espantosa [_] en la marejada se revolvían miles de millones de toneladas de agua azotada, espumeantey atronadora.

W. J. Watson, capitán del mercante Chañes Be que se encontraba en ruta de Belfast a Hong Kong

Fuente: Grandes catástrofes de la historia

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