Aymar, la maga del hockey, se despide entre lágrimas y ovacionada

Por Ignacio Pereyra

Luciana Aymar. WikiCommons

Luciana Aymar. WikiCommons

Londres, 10 ago (dpa) – Luciana Aymar no pudo completar el último casillero que le faltaba a su exitosa carrera, que se cerró hoy sin la medalla de oro para la Argentina en el hockey olímpico, aunque en medio de una gran ovación.

“Hoy digo que es mi último partido. Quiero celebrar. Va a ser difícil no verme en una cancha porque amo lo que hago pero hoy tengo otras prioridades”, dijo la capitana de las “Leonas”.

Aymar, elegida siete veces la mejor jugadora del mundo, sabía desde hace meses que el de hoy iba a ser un día especial, repleto de emociones. Y así fue.

“Que los cumplas feliz, que los cumplas feliz”, le cantaron ni bien pisó el césped del Riverbank Arena de Londres. Sus 35 años la encontraron en un escenario inusual: disputando una final olímpica.

“Era mi último partido con la camiseta argentina. Pese a que no se pudo ganar me voy contenta con la medalla de plata”, aseguró con una sonrisa después de haberse reunido con sus padres en los alrededores de estadio.

Aymar, que desde 2011 se dedicó exclusivamente al seleccionado y no jugó en ningún club, comentó está analizando jugar en algún equipo afuera de la Argentina aunque tampoco lo tiene claro: “Después veré qué hago. Por ahora no juego más”. Sus planes ahora son viajar con su pareja y sus amigos: “Quiero descansar”.

Holanda fue superior y se llevó el triunfo por 2-0 en la final, en la que Aymar tuvo su oportunidad de poner en ventaja a su equipo: con magia, a los 16 minutos, se escapó por la izquierda y, dejando desairada a una defensora rival, forzó una gran tapada de la arquera holandesa Joyce Sombroek.

Después no pudo volver a escapar a la férrea defensa rival. En los últimos segundos del partido siguió pidiendo la bocha, pese que ya no había manera de revertir el resultado. Su insistencia pese a la adversidad fue una postal de su trayectoria.

“Empecé de muy chica, mis primeros Juegos fueron a los 20 años. Lo mejor que hice fue tener la humildad que tuve para trata de llevarme lo mejor de cada entrenador e ir tratando de cambiar mi juego. Buscar todos los años técnicas o posiciones nuevas, siempre poniendo más objetivos y sin bajar los brazos”, sostuvo.

Así, se retiró con la medalla de plata sobre el pecho, la misma de Sydney 2000. Ambas se suman a los bronces de Atenas 2004 y Pekín 2008, entre muchos títulos en más de una década éxitos, como dos Mundiales (2002 y 2010) y cinco Champions Trophy (2001, 2008, 2009, 2010 y 2012).

Sus compañeras aún intentan convencerla para que continúe luego de tomarse un descanso. “Quieren que siga jugando pero el hockey argentino está muy bien. Si Lucha no está más él va a seguir peleando en los mejores lugares del mundo”, aseguró Aymar.

Con la derrota consumada, todo fue emoción, lágrimas y dolor. Una mezcla de sentimientos que no pudo dominar. “No se va, Lucha no se va”, le cantó el centenar de hinchas argentinos, que le arrancaron una sonrisa. La capitana argentina se dio vuelta, miró hacia la tribuna, sonrió y levantó su pulgar derecho.

Después de que sus compañeras la levantaron en andas, ella las reunió para hablarles: “Estaba feliz. Les transmití que teníamos una medalla de plata y que disfrutáramos porque eso es muy difícil. Me despedí como pude, con tristeza porque es difícil no estar más en un grupo tan lindo como el nuestro”.

Ella, que creció mirando los videos de Diego Maradona, siempre quiso ser como el ídolo del fútbol. En Londres quería profundizar aún más su marca en la historia, pero no pudo. De haber ganado, le habría dado forma al único oro del deporte femenino en la historia olímpica argentina.

“Aymar es como Michael Jordan, como Maradona. Ella ha escrito con su nombre la historia del deporte mundial. Puede haber sido su último partido en unos Juegos Olímpicos pero no digamos de su carrera porque hasta que no asuma el rol de la maternidad puede jugar tranquilamente en la alta competencia”, dijo el seleccionador argentino, Carlos Retegui, que también pretende que su estrella siga brillando.

Al terminar el partido, el equipo recorrió la cancha como si fuera una vuelta olímpica. Desde las tribunas llovieron los aplausos. Aymar quedó última, con un andar cansino, en soledad. Era como si quisiera que esa caminata final nunca se terminara.

A cada paso escuchaba una fuerte ovación. Hasta que llegó al banco de suplentes argentino. Ahí sonrió ante el aliento. Pero luego se apoyó en una baranda y volvió a romper en llanto, envuelta en una bandera celeste y blanca que rezaba “Lucha, hasta siempre”.

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